Michael Prado
MuertoPermadeath
Michael Prado
Michael Prado nació en Carolina del Norte en 1972 y descubrió muy pronto que era bastante bueno entrando en lugares donde otras personas preferían no entrar.
Era ladrón.
Pero no uno especialmente interesado en la violencia. Michael prefería el sigilo, la velocidad y, sobre todo, no tener que explicar nada a la policía.
Era fuerte, estaba en buena forma y tenía unas manos muy hábiles. También sabía moverse al aire libre y tenía buena visión nocturna.
Paradójicamente, odiaba la sangre.
Y los espacios cerrados.
Y las discusiones.
Era probablemente el ladrón más partidario de resolver los problemas sin enfrentarse a nadie que hubiera tenido la mala suerte de elegir aquella profesión.
Una vez tuvo que entrar en una casa por una ventana pequeña. Se quedó atascado a mitad de camino.
Durante unos segundos consideró que aquella era una excelente oportunidad para cambiar de profesión.
Consiguió salir.
La ventana también sobrevivió.
Michael había aprendido a trabajar rápido. Era capaz de recorrer una habitación, encontrar lo que buscaba y desaparecer antes de que alguien entendiera qué había ocurrido.
En 1993 terminó en Knox County por motivos personales. La zona rural le parecía interesante y, sobre todo, tranquila.
Había menos gente.
Menos vigilancia.
Más casas.
Parecía un buen lugar para pasar una temporada.
No conocía personalmente a Miguel XVII, aunque su profesión le hacía preferible no encontrárselo.
Michael no tenía intención de llamar la atención.
Solo quería ganar algo de dinero y marcharse.
No podía imaginar que, en Knox County, por primera vez en su vida, la pregunta no sería si alguien podía descubrir que había entrado en una casa.
La pregunta sería si alguien seguía viviendo dentro.